¿La minería de uranio? ¿El oleoducto transafgano? ¿La posición geoestratégica? ¿O tal vez el control del tráfico de drogas?
¿Por qué, hace exactamente ocho años, los Estados Unidos y sus aliados invadieron y ocuparon Afganistán? ¿Qué intereses están ocultos detrás de las explicaciones oficiales de esta guerra? Las hipótesis formuladas en estos años son muchas, pero ninguna suficientemente convincente. A excepción de una, aunque muy difícil de probar.
Los recursos energéticos. En informe publicado en diciembre de 2000 en el sitio web de la Energy Information Administration (EIA), organismo de estadística del Departamento de Energía de Estados Unidos (que luego fue retirado), Afganistán se presenta como un país con escasos recursos energéticos (nunca explotados) que, según datos que se remontan al periodo de la ocupación soviética, consisten en unas reservas de petróleo de 95 millones de barriles (concentradas en la zona de Herat), depósitos de gas natural de 5 billones de pies cúbicos (en el Shebergan), más 400 millones de toneladas de carbón (entre Badakshan y Herat).
Recursos demasiado pequeños para justificar una invasión militar cuyo coste hasta la fecha, sólo para los Estados Unidos, es de casi 230 mil millones de dólares.
Muchos en Afganistán hablan de yacimientos de uranio en el desierto de la provincia meridional de Helmand, donde el control y la explotación estarían en el centro de una dura disputa entre fuerzas estadounidenses y británicas. Pero por ahora esta historia no ha tenido ninguna confirmación.
El oleoducto transafgano. Muchos estiman que es la verdadera motivación que llevó a los Estados Unidos a invadir Afganistán en 2001.
El proyecto de construir una conducción de 1.680 kilómetros de largo para transportar gas de Dauletabad , en Turkmenistán, hasta Pakistán a través de Afganistán occidental (Herat y Kandahar) se inició en 1996 por la compañía petrolífera estadounidense Unocal (para la que trabajaban tanto Hamid Karzai como Zalmay Khalizad) en cooperación con el régimen talibán (en 1996, Unocal abrió una oficina en Kandahar y el año siguiente miembros del gobierno talibán fueron recibidos en EEUU).
La idea fue abandonada a finales de los años 90 a la espera de que “la situación política y militar en Afganistán mejore (fuente: EIA, diciembre de 2000). Dada la imposibilidad de abrir el corredor sur de Asia, Occidente optó por el del Cáucaso meridional, y en 2006 se inaugura un gasoducto que transporta gas de Turkmenistán a Turquía a través del Mar Caspio, Azerbaiyán y Georgia (y que a partir de 2015 se conectará al gasoducto Nabuco).
El proyecto de gasoducto transafgano, sin embargo, no se abandona. Los tres países involucrados vuelven a estudiarlo a partir de 2002, y en abril de 2008 firman un acuerdo con India, que prevé la apertura del oleoducto en 2018 (previsión excesivamente optimista, según los analistas en el sector). Para financiar el proyecto (7.600 millones de dólares) se cuenta con el Banco Asiático de Desarrollo (del que Estados Unidos y Japón son los principales accionistas.) Las empresas petroleras interesadas son estadounidenses, británicas y canadienses.
Aunque importante, parece arriesgado identificar con este proyecto –de muy difícil realización y superado por otras rutas– el motivo de la continua ocupación de Afganistán por los occidentales.
La ubicación estratégica. Afganistán tiene la desgracia de estar en el corazón del continente asiático, en una posición estratégica que permite a quien controle el país monitorear de cerca todas las potencias nucleares de la región: China, Rusia, India y Pakistán; y completar el cerco de Irán, país que en caso de guerra con EE. UU. se enfrentaría a un ataque por dos frentes: Iraq y Afganistán.
Sin embargo, según muchos analistas militares, la voluntad estadounidense de controlar Afganistán debe leerse, sobre todo, en clave de contraposición a China, considerada por el Pentágono como la mayor amenaza potencial a la hegemonía militar y económica mundial de Estados Unidos no sólo en Asia sino también en el Oriente Próximo, África y América Latina. Una amenaza que se hizo más real después de la creación en junio de 2001, de la alianza político-militar liderada por China: la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que reúne a China, Rusia, las repúblicas de Asia Central, y pronto, tal vez incluso Irán. Y que, en el futuro, dada su integración gradual con la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alianza político-militar liderada por Rusia, podría extender su influencia hasta Europa oriental (Belarús) y el Cáucaso (Armenia), convirtiéndose, a todos los efectos, en una alianza contrapuesta a una OTAN liderada por EEUU. Un Afganistán bajo control americano es una espina en el costado de China, en particular por su proximidad a Xinjang, una región riquísima en petróleo y desestabilizada por el nacionalismo uigur (tradicionalmente sostenido por la CIA).
La importancia geoestratégica de Afganistán es innegable y ha desempeñado ciertamente un papel importante en la decisión de EE. UU. de ocupar el país y establecer bases militares permanentes.
El negocio de las drogas. Pero quizás detrás de la guerra en Afganistán se escondan intereses aún mayores y más inconfesables: los relacionados con el control del tráfico mundial de heroína, uno de los negocios más rentables del planeta, con un volumen de negocio anual estimado en alrededor de 150 mil millones de dólares por año.
No es ningún secreto que el auge en la producción de opio y heroína en los años 70, en el llamado Triángulo de Oro (Laos, Birmania, Camboya), fue dirigida por la CIA, que con el producto de las operaciones de tráfico de drogas financiaba sus operaciones anticomunistas del Sudeste Asiático. El mismo sistema –igualmente bien conocido– fue adoptado por la CIA en los años 80 en América Latina, para financiar, con el producto de la cocaína, la guerrilla antisandinista de la Contra en Nicaragua, y en Afganistán, con los ingresos de la heroína, la resistencia antisoviética de los mujaheddin.
En Afganistán, el negocio continuó también en los años 90 y se incrementó con la llegada al poder de los talibanes, con el conocido respaldo de la CIA. Hasta 2000, cuando el mulá Omar, a fin de obtener apoyo internacional para su régimen, decidió prohibir la producción de opio, que en 2001 cayó a niveles cercanos a cero. Una producción que en el Afganistán “liberado” y controlado por los militares y los servicios secretos de EEUU se reanuda a pleno ritmo desde 2002 (cuando los talibanes aún no habían regresado) pulverizando todos los récords históricos y transformando en pocos años este país de Asia meridional en el principal productor de heroína del mundo (93 por ciento de la producción mundial). Una situación que las fuerzas de EE. UU. presentes en Afganistán se han negado sistemáticamente a afrontar, afirmando que éste “no era su trabajo” y dejándolo en manos del gobierno títere de Kabul.
Según un número cada vez mayor y más heterogéneo de expertos y de personas bien informadas, la CIA habría subcontratado la producción y el procesamiento de la heroína al narco-Estado encabezado por Karzai, protegiendo por su parte las rutas de evacuación por vía terrestre (Pakistán, Irán y Tayikistán) y gestionando directamente los despachos por vía aérea hacia el exterior.
¿Una nueva Air América? (1) Según una investigación realizada por el canal de televisión ruso Vesti, la heroína afgana sale de Afganistán a bordo de aviones estadounidenses de carga militar directamente desde las bases de Ganci en Kirguistán, y de Inchirlik, en Turquía. Y según ha escrito en The Guardian el periodista afgano Nushin Arbabzadah, a menudo oculta en ataúdes de los militares de EE. UU., llenos de droga en lugar de cadáveres.
“Creo que es posible que esto suceda, aunque no puedo intentarlo”, comentó diplomáticamente el embajador ruso en Kabul, Zamir Kabulov.
El periodista ruso Arkadi Gubnov, de Vremya Novostei, haciendo pública una información proporcionada por una fuente de los servicios secretos afganos, ha escrito “el 85 por ciento de toda la droga producidas en Afganistán se transporta al exterior por medio de la aviación estadounidense.”
El pasado verano, el general ruso Mahmut Gareev, ex comandante de las tropas soviéticas en Afganistán, manifestó a Russia Today: “Los estadounidenses no hacen nada contra la producción de droga en Afganistán porque les proporciona, por lo menos, 50 mil millones de dólares al año. No es un misterio que los estadounidenses transportan la droga en sus aeronaves militares al extranjero”.
El periodista estadounidense Dave Gibson, de NewsMax, ha citado una fuente anónima de los servicios de inteligencia de EE. UU. al afirmar que “la CIA siempre ha estado involucrada en el tráfico mundial de drogas, y en Afganistán simplemente llevan a cabo su negocio favorito, como hicieron durante la guerra de Vietnam.”
El economista ruso Mikhail Khazin dijo en una entrevista que “los estadounidenses están trabajando duro para mantener el tráfico de estupefacientes en Afganistán a través de las garantías de seguridad que la CIA da a los traficantes locales de drogas.”
“Estados Unidos no se opone al narcotráfico afgano para no socavar la estabilidad de un gobierno apoyado por los principales traficantes de drogas en el país, empezando por el hermano de Karzai”, escribe el famoso periodista norteamericano Eric Margolis en el Huffington Post. “Lo sucedido en el pasado en Indochina y América Central indica que la CIA podría estar implicada en el tráfico de drogas afganas en mayor medida que la que ya sabemos. En ambos casos, los aviones de la CIA transportaban drogas al extranjero en nombre de sus aliados locales, y lo mismo podría ocurrir en Afganistán. Cuando la historia de la guerra se haya escrito, la sórdida participación de Washington en el tráfico de heroína afgana será uno de los capítulos más vergonzosos.”
¿Narcodólares para salvar a los bancos en crisis? Antonio Maria Costa, director general de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), en una entrevista al semanario austríaco Profil declaró: “El narcotráfico es la única industria en crecimiento. Las ganancias son reinvertidas sólo en parte en actividades ilegales, el resto del dinero se coloca en la economía legal mediante operaciones de blanqueo. No sabemos cuánto, pero el volumen es impresionante. Esto significa la entrada de capital de inversión. Hay indicios de que estos fondos también acabaron en el sector financiero, que está bajo presión evidente desde la segunda mitad del año pasado (debido a la crisis financiera mundial, N. del autor).
El dinero del tráfico de drogas es actualmente el único capital líquido disponible para inversión. En la segunda mitad de 2008, la liquidez era el principal problema del sistema bancario, de ahí que este capital en efectivo se haya convertido en un factor importante. Parece que los préstamos bancarios han sido financiados con dinero que proviene del narcotráfico y otras actividades ilegales. Es, obviamente, difícil de probar, pero hay indicios de que algunos bancos se han salvado por estos medios.”
(1) Air America: línea aérea estadounidense establecida en 1946, propiedad de la Central Intelligence Agency (CIA) y gestionada por su División de Operaciones Especiales, responsable de las actividades secretas de la Compañía, desde 1950 hasta 1976. Para más información sobre participación de la CIA y de Air America en el tráfico, véase Alfred W. McCoy: The Politics of Heroin in Southeast Asia, 1972. (N. del t.).
Fuente: http://it.peacereporter.net/stampa/18036
Enrico Piovesana
PeaceReporter
Traducido para Rebelión por S. Seguí
Archivado en: Análisis, Artículos, capitalismo, Economía, geoestrategia, Imperialismo






[...] [9] ¿QUE HAY DETRÁS DE LA GUERRA DE AFGANISTÁN? [...]
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Afganistán es sólo el primer paso en la partida de ajedrez por el control de los recursos de Asia Central
http://www.rebelion.org/noticias/mundo/2010/2/afganistan-es-solo-el-primer-paso-en-la-partida-de-ajedrez-por-el-control-de-101206
Aunque no se informó en la prensa usamericana dominante, hay una lucha muy intensa en marcha entre los EE.UU. y China para determinar qué país va a surgir como la presencia dominante en Asia Central. Estos dos gigantes económicos, EE.UU. en rápido decrecimiento y China en rápido crecimiento, saben muy bien que su futuro económico depende de su capacidad para adquirir los recursos indispensables, en el caso de los EE.UU. principalmente el petróleo mientras que para China son petróleo y gas natural.
La región específica de Asia Central de la que hablo, rica en gas natural y petróleo, incluye la India, Pakistán, Afganistán, China, Uzbekistán, Tayikistán y Turkmenistán. Rusia, que limita con la región, e Irán, también son actores claves. Los oleoductos previstos para el transporte de estas riquezas están en el centro de la lucha que determinará quién las controlará en el futuro. Para comprender la magnitud de esta lucha tenemos que comenzar por el examen de la estrategia que EE.UU. está llevando a cabo en Afganistán y Pakistán en relación con sus mayores objetivos en Asia Central.
Obama habla de un aumento de tropas en Afganistán, pero que sólo representa la fase inicial en la estrategia global que Estados Unidos está llevando a cabo en Asia Central. El objetivo es establecer una presencia militar en Pakistán. Ha habido una presión constante de EE.UU. sobre el gobierno de Pakistán para que sus tropas incrementen las acciones contra los insurgentes en Waziristán del Sur, cerca de la frontera con Afganistán, así como contra los talibanes en otras zonas.
EE.UU. también está aumentando el uso de aviones no tripulados en Pakistán en las zonas remotas con el permiso, a priori reacio, del ejército pakistaní. Pero, al parecer, esto no es suficiente y ahora los operadores del programa de vuelos teledirigidos desean ampliarlo a Baluchistán, la provincia más grande de Pakistán, y a su ciudad más grande, Quetta. Si los líderes de Pakistán permiten esto, el uso erróneo de estos aparatos en las ciudades estaría abriendo la puerta a la violencia civil masiva que podría conducir a un desastre nacional.
Sin duda, todas estas medidas en Afganistán y la creciente presión sobre el gobierno de Pakistán hacen presagiar que Estados Unidos se involucrará aún más en la guerra en otra nación soberana. También es evidente que Obama ha adoptado plenamente la doctrina Bush de guerra preventiva, es decir el ataque dentro de las fronteras de cualquier nación que sea considerada por EE.UU. como un lugar donde exista el “enemigo”.
Los gasoductos existentes en Asia Central actualmente sólo pueden aportar una fracción pequeña del total de petróleo y gas que llega al mercado. Las naciones de Asia Central e Irán están muy ansiosas por vender más gas y petróleo. Los EE.UU., Europa, Rusia, India, Pakistán y China están ansiosos por comprar más. Lo único que frena el transporte deseado de gas y petróleo es la construcción de nuevos gasoductos. Eso es lo que este juego de ajedrez está poniendo de manifiesto y por qué los EE.UU. y la OTAN están en el centro de toda la acción y actividad.
La razón por la que EE.UU. está poniendo su mirada en Baluchistán y en la ciudad de Quetta es que esta zona ha sido identificada como un corredor clave para el tránsito del gas natural y el petróleo. Hay planes para dos oleoductos a través de Baluchistán: el IPI, del que forman parte Irán-Pakistán-India y EEUU es totalmente contrario a la participación de Irán; y TAPI, del que forman parte Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India.
Desafortunadamente, las tribus de los talibanes en Afganistán no están por la cooperación y por eso deben ser pacificados. Esto es más fácil decirlo que hacerlo.
En Baluchistán, China ha proporcionado fondos y conocimientos técnicos para construir un puerto de aguas profundas en Gwadar y así contar con con una terminal de tránsito para las importaciones de crudo procedentes de Irán y África a la región china de Xinjiang. Este puerto estratégico, junto con enlaces por ferrocarril y carretera que unen Pakistán con Afganistán y las naciones de Asia Central dará a China una apertura importante hacia los mercados de Asia Central las fuentes de energía. EE.UU. está tratando de contrarrestar estos movimientos de China por todos los medios posibles, dado que ve una competencia directa a sus intereses.
China también ha sido muy agresiva al negociar la compra de gas natural en Asia Central, lo que ha dado como resultado la puesta en marcha de un gasoducto de 1.833 kilometros que conecta los yacimientos de gas en Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajstán. En 2013, las ciudades chinas de Shanghai, Guangzhou y Hong Kong van a recibir grandes cantidades de gas. Esto equivale a una derrota contundente de las propuestas de EE.UU., que fueron rechazadas.
Así que si alguien todavía piensa que el aumento de tropas en Afganistán está estrictamente destinado a derrotar a los talibanes y los restos de al-Qaida, es hora de volver a pensar. Éste es el punto de lanzamiento de nuevas metas para el control final de la región de Baluchistán. La amenaza de Irán de convertirse en un jugador importante por sus recursos de gas y petróleo y el deseo de China de participar también en esa zona deben ser neutralizados a toda costa.
Sólo estamos en la etapa inicial de un nuevo capítulo en este juego de ajedrez que enfrenta a EE.UU. con China en el logro de una posición dominante en los recursos naturales del mundo, principalmente petróleo y gas, en los próximos años. Hasta la fecha, China ha utilizado la diplomacia y las negociaciones en todo el mundo y se ha mantenido completamente al margen de la participación en las guerras. Por el contrario, EE.UU. han iniciado las guerras y las ocupaciones de Iraq y Afganistán con enormes costos para alcanzar sus objetivos.
Vamos a escuchar más y más informes de diversos tipos de incursiones [de EE.UU.] en Pakistán por diversos medios, el uso de aviones no tripulados en gran medida se intensificará y Blackwater (ahora se llama XE) está operando clandestinamente en Islamabad, la capital paquistaní. Habrá que adivinar si EE.UU. y/o tropas de la OTAN hacen incursiones en Pakistán pero, si eso sucede, entonces la situación podría llegar a ser muy grave.
Lo que estoy describiendo no es una teoría sin fundamento. Ha sido bien documentado, no en la prensa occidental sino por los principales medios de noticias de Asia; el Asia Times, con sede en Hong Kong, sigue de cerca esta partida de ajedrez que se está jugando. No hay ningún gran secreto en esa zona del mundo en cuanto a lo que realmente está sucediendo y por qué.
En este punto, China está ganando la partida de ajedrez debido a su capacidad para utilizar la diplomacia en la obtención de recursos. El peligro es que EE.UU., en lugar de utilizar la diplomacia, se compromete a utilizar la “persuasión” militar para lograr sus objetivos. Llevar a cabo tales políticas agresivas militares en una región donde cuatro naciones cuentan con capacidad nuclear -Rusia, China, India y Pakistán– hace que el juego se mueva en una fase muy peligrosa.
Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés
Fuente: http://www.uruknet.info/index.php?p=62015
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